La Bellaca Viernes, 20 junio 2014

Pregunta existencial: ¿Por qué comemos tanto en KFC?

Paola Miglio

Periodista de comida y viajes. Frívola. Obsesiva. Ansiosa. Twitter @paolamiglio / Instagram @paola.miglio

kfc

Cada vez que paso por un restaurante KFC está lleno de gente, incluso en algunos locales hay cola (y no necesariamente a la hora del almuerzo o cena). Cuando llamo delivery en hora punta, hay lista de espera (te dan un margen de hasta 45 minutos o una hora para llegar, cuando lo normal es media, de lo contrario, es gratis). Es más, cuando vamos a otros países y probamos KFC ajenos terminamos pensando: no es como el peruano.

¿Por qué comemos tanto KFC habiendo mejores y más baratas opciones? ¿No somos acaso el país de la diversidad y de la comida rica? No sé si es el marketeo, la costumbre o la piel de ese pollo, que no es tan bueno, lo que genera adicción. Les juro que no lo sé, pero cada vez que peco pienso: pude haber comido mejor en otro lado y con menos grasa.

Acá cinco razones que les harán hacerse de nuevo la pregunta: ¿por qué comemos KFC? Y vienen de una consumidora regular (lamentablemente), que le está poniendo ganas para dejar de serlo.

 

Los locales son bulleros, deprimentes y desangelados

Tanto así, que cada vez que compro es para llevar o delivery. No se me ocurre irme a sentar a comer a ningún KFC. Peor si es en hora de fiesta infantil. No hay paz y hay criaturas y madres descontroladas gritando por todos lados.

 

El pollo, lo importante, es chico, seco,

algunas veces llega sobre cocido y se les acumula el condimento en algún rincón. La piel es crocante solo si piden el crispy, porque el original es una suerte de baba elástica con brotes de grasa amarilla acumulada en los pliegues. Aún cuando se pide el crispy, hay riesgo de encontrarse con el pellejo que se separa de la masa crocante que cubre la pieza: piel amarilla, chiclosa. Con los hot wings pasa lo mismo. Los nuggets se salvan. Son de pollo de verdad, no procesados.

 

La ensalada

cuando abrió el primer KFC en Lima, moría por su ensalada, ahora paso: extra dulce y demasiado aliño, tanto así que cuando se le deja descansar, el líquido se separa de los vegetales y forma una suerte de lagunitas en el vasito en el que viene.

 

Las papas son esas procesadas, blancas, largas, como las de un fast food cualquiera pero peores:

si las piden para llevar las ponen en una caja de cartón que se llena de grasa y las humedece: así, llegan a casa flácidas y sin gracia. El puré: el de caja es más rico. Con eso les digo todo.

 

Los wraps: viene más lechuga que pollo, obvio.

Si encuentran tres trozos se sacaron la lotería. Y la tortilla es tan gruesa que se siente la harina, se acumula en los dobleces, se ve blanquita.

Crocantes vemos corazones no sabemos. Esta es la pinta oficial de un combo KFC.

Crocantes vemos corazones no sabemos. Esta es la pinta oficial de un combo KFC.

 

TRES A SU FAVOR

Solo porque no hay que ser tan crueles, tres cosas que nos gustan de KFC:

  1. Su rapidez y si no llegan a tiempo, todo es gratis. Aunque la verdad no sabemos si esto es muy saludable para los motorizados que se meten por donde sea para no faltar a su palabra.
  2. El pie de manzana. Sí, ya sé, es grasoso, procesado, pero caliente, crocante y con helado de vainilla al lado, puede fácilmente sacar a cualquiera de una fuerte depresión.
  3. Su ají. Notable.

Sé que probablemente después de leer esto igual seguirán yendo a KFC. Sé que después de haber escrito esto sigo sin entender porqué nos gusta tanto y es uno de los tops del fast food en Perú. Datéenme si ustedes tienen la respuesta, y que no tenga que ver con el precio, porque es económico, pero tampoco tanto.

¿Bellacos?

 

1bellaco

1, y raspando.

Paola Miglio

Periodista de comida y viajes. Frívola. Obsesiva. Ansiosa. Twitter @paolamiglio / Instagram @paola.miglio
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